Los pequeños detalles que no se aprecian a simple vista son los que de verdad importan.
La semana pasada tuve la inmensa suerte de poder conocer que se esconde tras las tiendas de Soloio. Había pasado bastantes veces por sus escaparates en Goya, Gran Vía o Fuencarral, pero nunca había encontrado el momento de entrar.
Soloio es una firma relativamente joven creada por una chica argentina de ascendencia italiana. Todas sus corbatas, pañuelos, pajaritas y camisas se confeccionan de forma totalmente artesanal en las idílicas orillas de lado di Como en Italia.
Como materia prima se utilizan unas sedas y unos algodones de una calidad excepcional. Los estampados son creados por la parte creativa de la firma. Un buen motivo de un estampado es aquel que no se aprecia a simple vista. Lo que de lejos parecen lunares o estampados sencillos, cuando te acercas y lo aprecias son botijos, delfines, flores, galgos, focas,etc. Estampados super divertidos y que por si solos son capaces de completar y transformar cualquier look.
Hay una línea de camisas slim fit para el público más joven que no puedo adorar más. Un patronaje cuidado y unos acabados artesanales ¿No os pasa que cuando vais en busca de una camisa os parecen todas iguales a las que tenéis ya? Pues yo me he enamorado bastante de las camisas de Soloio. Remates interiores con estampados, puños de diferente tejido al principal, detalles en solapas.
Pero sin embargo, lo más especial son las corbatas. Sólo se hacen 16 ejemplares de cada estampado y modelo, por lo que es casi imposible encontrar a alguien con la misma que tú. Todas las semanas se renuevan las colecciones en las tiendas.
La historia de estos originales gemelos es fascinante. La cuerda trenzada la hace un señor en lo alto de un cerro en Argentina de forma totalmente artesanal. Alexandra, la dueña y creativa, ha inventado estos peculiares gemelos que tienen una forma diferente de ponerse, pero que dan un toque desenfadado a una camisa.
¿Os ha gustado Soloio tanto como a mí? Mi único problema será decidir qué camisas me llevo, porque si por mí fuera ¡las compraba todas!
Besos gigantes,
Antonio.